1. La necesidad de encomendar nuestras obras Todo ser humano tiene planes, proyectos y metas, pero la verdadera dirección viene de Dios. Salmos 37:5 “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.” Sin Dios, nuestros planes pueden desvanecerse Juan 15:5.
2. Dios es el fundamento de todo buen plan El Señor establece lo correcto y duradero; lo que se hace en su voluntad permanece. 1 Corintios 3:11 “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” Un plan fuera de Dios puede parecer exitoso, pero al final no tiene fruto eterno Mateo 7:26-27.
3. La promesa de pensamientos afirmados Cuando confiamos en Dios, Él ordena y establece nuestras ideas, dándonos paz y seguridad. Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Nuestros pensamientos dejan de ser inestables y son alineados a la voluntad de Dios Romanos 12:2.
4. El resultado de confiar en Dios con nuestras obras Quien encomienda sus planes al Señor experimenta dirección, fruto espiritual y bendición. Santiago 4:15 “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” Los resultados no dependen de nuestra fuerza, sino de la gracia y guía divina Zacarías 4:6.
Conclusión
Proverbios 16:3 nos enseña que encomendar nuestras obras al Señor es más que una oración inicial; es una entrega diaria de nuestros planes, pensamientos y decisiones. Solo cuando descansamos en Dios, nuestros pensamientos son afirmados y nuestras obras prosperan en su propósito eterno. El éxito verdadero está en rendirlo todo a Él.